María De Los Mundos vivía en su mundo. En su propio mundo, donde también vivían sus seres queridos y sus conocidos. María De Los Mundos también vivía en los mundos de los demás. Pero no los frecuentaba como el suyo, pues sabía que no se puede estar en dos lugares al mismo tiempo, y además prefería el suyo. No es que no le gustasen los mundos de los demás, sino que un día de su vida se dio cuenta que en el de ella era el único de todos los mundos donde podía actuar. Por eso, cuando era una niña, decidió vivir solo en el suyo. Un mundo tranquilo. Hecho a su medida. Con amigos buenos, con padres amigables, con un trabajo que le gustaba y unos sueños a cumplir que la empujaban a seguir adelante. A seguir creando su mundo.
Muchos años pasó María viviendo allí. Sus familiares a menudo venían hacia el de María para visitarla. Charlaban, tomaban mates, se reían. María preparaba su mundo para las visitas, lo limpiaba con gusto, ordenaba los platos, adornaba sus paisajes, abría las flores de las plantas y todo quedaba colorido para los visitantes.
A través de los años, y cada vez más, las personas que iban a visitarla a su mundo comenzaron a darle concejos para mejorarlo. Ese puente no debería estar ahí dijo su padre un día, tapa aquel árbol que representa a toda nuestra familia, no debe estar ahí. ¿Puedo llevar esto a otro lugar? Preguntó su madre luego de almorzar un domingo en una de sus visitas al mundo de María. Este mundo está patas para arriba, hay que mejorarlo, sollozaron los tíos al final de la mesa mientras hacían ademanes negativos con la cabeza.
Era normal escuchar a sus amigos, parientes y conocidos caracterizar cuan mal estaban las cosas en el perfecto mundo de María de los Mundos. Para ella siempre fue su cielo, su edén, su lugar. Siempre se preguntó de que hablaban cuando decían de mejorarlo. Pues para ella era perfecto, era suyo. Cada uno de los demás tenía su propio mundo ¿Por qué no construían el suyo? ¿Sería posible que el de ellos no fuera perfecto?
Un domingo a la mañana; día de su cumpleaños por cierto, María de los Mundos se despertó de una conclusión. Había entendido el porqué de los deseos de los demás de cambiar su mundo.
Ese día de su cumpleaños, cuando todos llegaron a saludarla y a festejar con ella, solo había una nota arriba de la mesa del jardín:
“He pensado mucho en las recomendaciones que me dieron para crear mi mundo y tienen razón, todas mis victorias personales están aquí, mi paz también está aquí. Pero todo eso ya no es mío. Vuelvo a construir mi nuevo mundo, hagan con éste lo que les guste. ¡Disfruten, hay comida en la heladera!”
Y una estrella más nació en el universo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario